9 de Setembre de 2010

Argentina: somos la tercera opción

juliol 29, 2010 per admin2  
Categoria Internacional

FERNANDO PINO SOLANAS
Reproducimos aquí una nota  de Fernando Pino Solanas que responde a algunos interrogantes que se han planteado sobre su papel y el de Proyecto Sur en las próximas –aunque todavía lejanas– elecciones generales de 2011 en Argentina. Vale aclarar, para lectores de Sin Permiso de otras geografías, que la política argentina siempre ha sido una caja de Pandora. En los últimos días, dos acontecimientos relevantes ocuparon la portada de los medios de comunicación. El Congreso  sancionó la Ley de la Igualdad, una norma que otorga el derecho de matrimonio a los homosexuales. Argentina es el primer país en América Latina que ingresa en el pelotón de la decena de Estados que en el mundo han establecido una legislación similar. La aprobación constituyó una derrota de la cruzada que había organizado la reaccionaria cúpula de la Iglesia católica argentina y la mayoría de las iglesias y sectas evangelistas. Una cruzada que cayó hasta en el ridículo de hacer marchar a niños de las escuelas religiosas con banderitas, gorritos y remeritas muy coquetas donde proclamaban ser hijos de un “papá varón y de una mamá mujer”. Y como ya ocurrió con el caso de la Ley de divorcio, sancionada en 1987, el corte que divide a la sociedad argentina en el tema de los derechos civiles no coincide con el mapa de los partidos tradicionales y hasta de los más nuevos. Así pasó con la ley de divorcio sancionada en 1987. Mientras el senador Eduardo Menem realizaba una defensa brillante del Estado laico, su hermano –en aquel tiempo gobernador de La Rioja– se arrodillaba al orden conservador, pese a que de hecho estaba divorciado. Los bloques parlamentarios –radicales, entonces oficialistas, y peronistas– votaron divididos. En la ley del matrimonio gay i lésbico ha ocurrido ahora  algo similar. El ultrakirchnerista gobernador de San Juan, José Luis Gioja, resolvió que en las escuelas de la provincia no se computaría la inasistencia de los alumnos de las escuelas públicas que participaran en la reaccionaria marcha convocada por el obispo local y los grupos evangélicos contra los homosexuales. Mientras que, en el Senado, el líder de la bancada oficialista defendió y votó la norma progresista junto a los líderes del radicalismo y otros opositores. Cuando todavía no habían terminado de asimilarse las repercusiones de la nueva ley, un tribunal de segunda instancia confirmó el procesamiento del alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, por el escándalo del parto de la policía metropolitana entre un sainete de escuchas telefónicas. Macri, el aspirante por ahora sin competencia a Berlusconi criollo, pareciera tener más de tonto que de pícaro, según cualquier criterio que se esgrima. Su figura había sido ya esmerilada en la elección parlamentaria de 2009, cuando en la Ciudad de Buenos Aires la lista encabezada por Fernando Pino Solanas, sin medios y sin aparato electoral, quedó a pocos puntos del empresario Macri. Obviamente, cuando se trata de hacer pronósticos sobre el futuro político de la Ciudad de Buenos Aires, los analistas vuelven la mirada hacia Pino Solanas.

FERNANDO ‘PINO’ SOLANAS
(Buenos Aires)

El domingo 18 de julio, el periodista Julio Blanck escribió en Clarín una interesante columna de opinión sobre nuestro crecimiento, titulada “Cuidado con Pino Solanas, que picotea de todos los platos”. Ante este infrecuente editorial considero apropiado realizar algunas reflexiones, porque ni los medios ni las otras fuerzas políticas, quieren aceptar el surgimiento de un tercer espacio, una tercera mirada, una opción al bipartidismo. Blanck menciona tres fuerzas, que en realidad son dos o una sola con varios brazos y conforman las opciones del sistema neocolonial-neoliberal. En la macroeconomía no existen diferencias sustanciales entre el justicialismo disidente, el kirchnerismo y el radicalismo. De una u otra forma, desde el Pacto de Olivos estas fuerzas políticas vienen sosteniendo el modelo neoliberal de las privatizaciones, el crecimiento económico  con endeudamiento y la entrega de los bienes naturales: tierra, petróleo, minería, pesca. En cuanto a las diferencias, los justicialistas se muestran como garantía de gestión y los radicales como los prolijos, republicanos y “honestos”. Difieren además en las opciones internacionales y en la posición a adoptar frente a Estados Unidos: los K (los Kirchner) prefieren a Chávez, Morales y Correa; los otros a Chile y Brasil.

El nacimiento del Interbloque Proyecto Sur –hecho público el 15 de diciembre pasado– desorientó a todos con su política independiente y su agenda propia, votando lo que consideraba bueno para el país viniera del oficialismo o de la oposición. Para los K somos apéndices del grupo “A”  porque nuestra oposición a las medidas neoliberales del Gobierno le hace el juego a la derecha, aunque ellos siguen endeudando a Argentina y entregando los recursos naturales. Para el grupo A (la Alianza) somos funcionales al kirchnerismo cuando no compartimos su agenda y puntos de vista. Lo que a ellos, al Gobierno y a los grupos mediáticos les cuesta admitir es que no somos ni el grupo “A” ni el “B”; en todo caso, seríamos el grupo “C”: con la “C” de coherencia y cambio. Se ponen nerviosos porque no pueden gobernarnos y seguimos siendo una fuente de atracción para sus bases, los jóvenes y el electorado independiente.

Elecciones locales o presidenciales

Hoy todos quieren que compitamos por el gobierno de la ciudad. En eso coinciden el kirchnerismo, el peronismo disidente y la coalición radical, ya que si vamos por la presidencial debilitamos a todos. Lo divertido es que nos dicen: “Che…cuídenlo a Pino..!. nosotros lo respetamos mucho pero sería una locura que no fuera por la ciudad..”. Esa tentadora opción tiene sus ventajas y su contra, en tanto podría significar la posibilidad de gobernar la capital de la república, hacer una experiencia de gestión y desde allí prepararse para el 2015. Por el contrario, significaría ceder nuestro potencial de votos nacionales a los otros partidos y abandonar la construcción y desarrollo de una fuerza nacional que cuestione al bipartidismo para el 2015 o (¿por que no?) para el 2011. ¿Quién puede predecir cuánto podemos crecer con un electorado decepcionado por los partidos tradicionales? ¿Quién iba a imaginar que sin habernos pronunciado ni lanzado públicamente una candidatura, figuremos en las encuestas entre los 3 o 4 primeros candidatos…? ¿Quién pensaba en el 2009 que en la Ciudad de Buenos Aires –donde dos años antes Macri ganara con el 62%– Proyecto Sur iba a multiplicar los votos un 350%, pasando del 7,5 al 24,5 %? Lejos de haber girado a la derecha, una parte del electorado de la ciudad apoyó nuestra campaña, que hablaba de los temas nacionales afirmando que “se puede” reconstruir el país, recuperar los recursos, democratizar la democracia, refundar una ética pública.

Ante la participación nacional de Proyecto Sur, la coalición que lidera el radicalismo es vista como la repetición de la Alianza del 98 y sectores progresistas y aún de sus propias bases, se inclinarían hacia nosotros porque encarnamos las causas de los derechos sociales, la defensa patrimonial y la democratización de la democracia. Del lado de las variantes peronistas, todos saben que Proyecto Sur reivindica la continuidad de las ideas del movimiento nacional, desde Forja al 45 y Juan Perón me convocó para filmar su único testimonio cinematográfico. Hoy las encuestas nos dan un piso nacional del 10% al 12%, sin haber lanzado la candidatura: en campaña podríamos pegar un salto significativo. No sólo gozamos de alta imagen positiva; también somos un punto de convergencia de muchos sectores políticos y sociales. Debe recordarse que en muchas provincias la mitad de la población no vota porque descree en los partidos tradicionales o ya hace demasiado tiempo que solamente puede optar entre Frankestein y Drácula.

Una afirmación prematura

Por estas razones, es prematuro afirmar como Julio Blanck que estamos “lejos de la pelea por la presidencia”. Hoy no se presenta ningún candidato con un liderazgo tal, que esté en condiciones de ganar por una gran diferencia. La disputa no sólo será entre tres, sino entre cuatro fuerzas; es el bipartidismo o nosotros. Proyecto Sur aparece como la alternativa del cambio, la fuerza de la juventud y los sin partido, el instrumento político de los movimientos sociales y las fuerzas territoriales dispuestos a protagonizar transformaciones con sentido emancipador, en paz y en democracia. Antes que habernos desunido, seguimos creciendo –como afirma Blanck– y sumando fuerzas; porque somos un espacio de convergencia de varias culturas políticas unidas detrás de un proyecto emancipador. Recién a fin de año y en el marco del tercer Congreso de Proyecto Sur, cuando se vea más claro quiénes son los competidores y se confirmen las fechas electorales, decidiremos dónde jugar mi candidatura.

Hoy no sabemos si Macri termina su mandato, si será Cobos o Alfonsín, o si Cristina terminará midiendo mejor que Néstor. Mientras tanto, nos preparamos para gobernar en cualquiera de los dos escenarios.

Con mis compañeros de 50 años de militancia –Alcira Argumedo, Luis Brunati, Julio Raffo–, junto a aquéllos con quienes fuimos confluyendo en estos años –Mario Mazzitelli, Claudio Lozano, Eduardo Macalusse, Jorge Cardelli, Humberto Tumini y muchos más– seguimos profundizando nuestra propuesta y recogiendo la experiencia de estas décadas. Haciendo y proyectando películas, dando charlas y seminarios, organizando encuentros y participando en cientos de acciones de resistencia a dictaduras, traiciones y entregas, fuimos construyendo en estas décadas la referencia nacional de un espacio que sueña con un proyecto emancipador. Lejos de ser la frutilla del postre que amasan otros, somos un lugar de confluencia en la construcción de un movimiento político, social y cultural; un emergente de las luchas que  gran parte de nuestro pueblo –tantas veces traicionado– ha venido  protagonizado en las últimas décadas.

(Fernando Pino Solanas es cineasta y diputado por Proyecto Sur).

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